TERAPIA MUSICAL

 

 

La belleza de la armonía y la Música, dos conceptos que se reclaman

 

Ir a lo medular de un problema es en muchas ocasiones la forma más acertada para dirigirnos a lo esencial.

La música por sí misma nos refleja su forma de actuar en el bienestar de la persona. Sabemos que la música cuenta con cuatro elementos esenciales que son: ritmo, melodía, armonía y matices. Un conjunto del cual surge ese efecto tan  agradable al oído.

Las personas también debemos contar con un conjunto de aspectos integrados que funcionen adecuadamente para sentirnos bien y felices. Hoy nos centraremos en uno de los elementos de este conjunto: La armonía psicológica.

En una sesión de terapia musical experimentamos la música con todos sus matices.  La armonía es uno de ellos, ésta es la combinación de sonidos simultáneos y diferentes pero acordes entre sí, es decir coherentes.  Nuestra experiencia personal no siempre acepta combinar de forma adecuada todos los acontecimientos importantes, porque muchas veces negamos nuestras experiencias o simplemente los quehaceres cotidianos no nos dejan espacio para hacerlo y por eso muchas veces podemos experimentar ansiedad, tristeza, estrés y una sensación de que “algo debe equilibrarse dentro de nosotros para sentirnos bien”.

La música nos ayuda a equilibrar nuestros acontecimientos y sentimientos, pero no sólo eso, sino a saberlos combinar y unir de forma adecuada en nuestra experiencia vital para que no nos produzcan malestar. En eso reside la belleza de la armonía musical,  que es capaz de generar en nuestra experiencia personal armonía psicológica.

El cerebro interpreta en forma dinámica y por separado de una melodía los siguientes elementos: la frecuencia, el timbre, el ritmo y la intensidad. Escuchar música es un proceso complejo y gratificante de activación cerebral: recepción, emoción, actividad autonómica, cognitiva (aprendizaje) y actividad para sincronizarnos con ella. Seguir la letra de la canción es la consecuencia de la activación de módulos neuronales de lenguaje, actividad de atención y redes neuronales que se activan con frecuencias produciendo emocionesLa música se analiza por dos sistemas en paralelo: el ritmo y el compás  que conllevan el análisis del tono y los intervalos.

 

 

El viaje de la música en nuestro cerebro se inicia en el tímpano, de ahí se transmite a través del tallo cerebral, al mesencéfalo, hasta llegar al tálamo que a su vez proyecta la información a la corteza cerebral auditiva que se encuentra en el lóbulo temporal. Una música agradable activa a los lóbulos frontal y parietal. En esas regiones, la música se divide para su análisis, se envía al giro del cíngulo y una zona cerebral conocida como ínsula, con lo que nos sentimos cantantes, elevamos la emoción y en un karaoke nos comportamos como estrellas de rock.

El cerebelo nos hace movernos al compás de una canción pegajosa y se queda con memorias de movimiento.

También la información musical se proyecta al hipocampo, con lo cual evocamos recuerdos, asociamos emociones pasadas, podemos llegar a suspirar y terminar en el llanto. Después, la música se manda en módulos de la amígdala cerebral y ganglios basales que genera emoción, por lo que a veces sentimos enojo o melancolía cuando nos recuerdan un mal amor o definitivamente nos motivamos a seguir en el esfuerzo si estamos haciendo ejercicio; el cerebelo nos hace movernos al compás de una canción rítmica y se queda con memorias de movimiento, por lo cual, saber bailar una cumbia o un vals se lo debemos en gran medida a nuestro cerebro que sincroniza las señales con movimientos físicos en coherencia y sintonía.

El hemisferio izquierdo está especializado en el procesamiento del ritmo y el mensaje que se contiene en la letra de las cancionesEn tanto que el hemisferio derecho detecta el ritmo poético y el tono emocional del lenguaje. La interpretación de la sintaxis musical radica en los lóbulos: frontal y temporal de nuestro cerebro, es decir en las regiones más inteligentes.

Debido a que la música activa patrones de frecuencia de activación del hipocampo parecidos al aprendizaje, una sesión musical puede incrementar los procesos de atención, y aunque no nos hace más inteligentes, sí es posible que incremente la memoria y la capacidad de atención.